Estructura del ser humano, según la investigación pos-materialista
La vida como proceso de aprendizaje existencial (la vida terrenal como «escuela de almas»)
EL SER HUMANO: ALMA + INSTRUMENTO (cuerpo físico, personalidad, ego...) para...
- Los seres humanos somos «almas» que poseen un «instrumento», el cuerpo humano, que le sirve para expresarse en el mundo de la materia.
- Este «instrumento» consta de: un cuerpo físico + un sistema emocional + un sistema mental
- Este instrumento constituye nuestra «personalidad» o «ego», y es lo que le permite al alma expresarse en el mundo de la materia.
- La finalidad de nuestra existencia en esta dimensión "terrestre" es construir un instrumento —la personalidad, el ego— que sea totalmente flexible y receptivo a la energía y a la voluntad del alma,
- para que el alma pueda expresar lo mejor de sí misma, de manera directa y concreta, en este mundo de la materia.
En eso consiste nuestra verdadera tarea existencial aquí en la Tierra.
A lo largo de la historia de muchas maneras se ha intentado caracterizar al ser humano. Para la ciencia más avanzada –no materialista– en el ser humano el cuerpo y la mente no son la realidad última. El paradigma emergente actual considera al ser humano como un ser esencialmente «espiritual». La realidad más “real”, más significativa, del ser humano reside en el «alma», una entidad con existencia propia y eterna y «holística» respecta a su Fuente u Origen. El «alma humana» dispone del cuerpo físico para interactuar con el mundo de la materia. Tanto la Sabiduría perenne como la nueva ciencia creen que los seres humanos disponen de un cuerpo físico y otros cuerpos sutiles -físico, emocional-vital, y mental-, herramientas al servicio de nuestra verdadera esencia, nuestra identidad esencial, nuestro Yo esencial: el «alma» en evolución (ver aquí).
Según las indagaciones científicas del nuevo paradigma post-materialista, los seres humanos somos seres espirituales -almas-, encarnados en un cuerpo físico, que vienen a este mundo terrenal para vivir experiencias humanas con el único objetivo de desarrollarnos espiritualmente. El propósito fundamental de nuestras vidas es, pues, «despertar», desarrollar nuestro nivel de conciencia, descubrir nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera esencia, humanizarnos en plenitud, progresar espiritualmente… para eso es la vida humana y todo lo que en ella acontece (aunque nosotros, por ignorancia, no seamos conscientes de ello). El alma pasa por una experiencia evolutiva y temporal en un cuerpo físico y en una personalidad individual, con el fin de adquirir comprensiones alineadas con la Verdad y el propósito del plan evolutivo universal.
Es posible entender el alma como un paquete individualizado de energía con información. Nuestro Ser o Yo esencial, el «alma», existe como un nivel vibratorio más alto que el de los otros tres cuerpos —físico, emocional-vital, y mental— y necesita un instrumento para manifestar su voluntad a través de estos tres niveles de más baja vibración. Por otra parte, de acuerdo con los más recientes hallazgos de la investigación científica y de la psicología transpersonal, existe un plan evolutivo universal en marcha en el cual estamos inmersos. Así mismo es posible reconocer que la esencia misma de la Humanidad está regida por una “consciencia superior” que regenta la Vida. Tan pronto como los seres humanos avanzan a través de cualquier tipo de desarrollo interno, pueden sentir la existencia de esta realidad y conectar con ella, experimentarla, de manera directa y con claridad.
El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos los caballos. (Platón: 427 a. C – 347 a. C)
Estructura del ser humano, según la perspectiva pos-materialista (la analogía del carruaje)
Para tener una idea general de la manera en que funcionan los seres humanos y de la fuente de nuestras dificultades, se puede hacer referencia a una analogía de tradición oriental que muestra la estructura del funcionamiento del ser humano. La investigadora Annie Marquier, utiliza la analogía del carruaje para describir la dinámica interior del ser humano. En ella se compara al ser humano con una combinación de elementos que incluye un carruaje, un caballo que tira de él, un cochero que dirige el caballo, y un amo y señor, dueño o maestro sentado dentro del carruaje, detrás del cochero. El precursor de dicha metáfora fue Platón al afirmar: "El cuerpo humano es el carruaje. El yo, el hombre que lo conduce. El pensamiento son las riendas. Y los sentimientos, los caballos".
- El carruaje, representa el cuerpo físico (vehículo)
- El caballo, son las emociones (energía vital que tira del conjunto)
- El cochero, la mente (el pensamiento, la razón)
- El señor, la esencia de lo que somos verdaderamente (cualquiera que sea el nombre que se le dé: conciencia superior, alma, Ser superior, Maestro interior, Guía, etc.).
Esta combinación de elementos avanza por un camino (el camino de la vida). El carruaje representa el cuerpo físico; el caballo es el cuerpo emocional; el cochero, el cuerpo mental; y el maestro es el Yo esencial o alma. El conjunto físico, emocional y mental constituye lo que a menudo llamamos «personalidad» o «ego». El camino simboliza el gran viaje de la vida que realiza el alma para que pueda experimentar el mundo de la materia y obtener el dominio sobre ella a través de una «personalidad» bien constituida.
La vida como proceso de aprendizaje
En general podemos afirmar que los seres humanos estamos constituidos por un conjunto de factores: cuerpo, consciencia, percepciones, sensaciones, contenidos mentales (mente inferior), Mente superior/Testigo..
Según la célebre escritora y terapeuta Annie Marquier, los seres humanos fundamentalmente somos un alma que dispone de un instrumento para expresarse y realizarse. Esto es lo que conocemos como la forma humana, que consta de un cuerpo físico-etéreo, de un sistema emocional y de un sistema mental. A este instrumento se le puede llamar “personalidad” o “ego”, y es lo que permite la expresión del «alma» en el mundo.
Desde el nuevo paradigma epistemológico se piensa que la Tierra, el planeta Tierra, lo podemos considerar como una escuela de almas. O sea, que lo que llamamos vida física en este y en otros posibles “lugares” son escuelas pedagógicas para el desarrollo del alma. Podemos considerar los diversos niveles de consciencia que hemos de ir alcanzando como las asignaturas que el alma tiene que aprender de alguna manera para a través de ellos desarrollarse. Hemos de tomar consciencia, pues, que nosotros estamos aquí para desarrollar nuestro nivel de consciencia.
El «alma humana» como chispa, esencia, «divina» en nosotros, participa en algún grado y de alguna manera de esas cualidades divinas. En cuanto al instrumento -nuestra personalidad, nuestro yo superficial, nuestro ego-, todavía está en construcción. Aún no se ha alcanzado la meta de lo que generalmente se llama el proceso de “evolución” humana. A través de nuestra existencia en el plano de la materia, se trata de ir perfeccionando el propio instrumento para conseguir la mejor expresión de la voluntad del Ser/Yo/Alma.
Cuando finalmente a través del camino evolutivo personal se llega a la meta, los tres cuerpos, físico, emocional y mental, serán una expresión directa de la perfección, la belleza, la inteligencia y el poder del «alma». De hecho, serán una expresión de todas las cualidades “divinas” del Yo, de esa esencia o “chispa divina” que en el fondo nos constituye y que es nuestra identidad más esencial, más verdadera, más real.
Para proceder con eficacia a lo largo del camino, se necesita:
- un cuerpo físico (carruaje) que esté en buena forma: un cuerpo físico sano, incluyendo un cerebro y un sistema nervioso que estén en las mejores condiciones para el trabajo a realizar. La condición del cuerpo físico depende, en gran medida, del estado emocional.
- También se necesita un buen cuerpo emocional (caballo) que tire de él. El comportamiento del caballo depende sobre todo del modo en que sea dirigido por el cochero. Eso significa que los diversos estados emocionales dependen en gran parte de los pensamientos, de la mente del cochero, y no de lo que ocurre en el exterior. Cuanto más fuerte sea éste, más rápido se avanzará a lo largo de la ruta, y mayores posibilidades existirán en términos de descubrimiento y experiencia. Esto significa que es bueno tener un (caballo) sistema emocional poderoso. Sin embargo, un caballo vigoroso debe ser controlado; de lo contrario puede dejarse llevar y empezar a galopar de una manera descontrolada o inapropiada. Cuando esto sucede, por lo general termina en la cuneta, con el carruaje (el cuerpo físico) seriamente dañado. Es lo que sucede cuando se permite que la propia vida sea controlada únicamente por las emociones. Sin embargo, el caballo (cuerpo emocional) es imprescindible para tirar del carruaje, no se puede prescindir de él, es necesario para mover el carruaje de manera efectiva. El papel del caballo (las emociones) consiste en proporcionar la energía necesaria para hacer que el cuerpo físico funcione el mundo material.
- La mente (el cochero o conductor) del carruaje, simboliza la capacidad del hombre para llevar en equilibrio los caballos blanco y negro. En principio, el cochero (el cuerpo mental) debe ser capaz de controlar al caballo de una manera inteligente, para utilizar toda su potencia con sabiduría. El cochero (el cuerpo mental) juega el papel de controlar la energía y potencia del caballo (emociones) con inteligencia. La mente es el vínculo entre el Ser superior/Yo/Alma y el ego. La mente superior del cochero es, de hecho, el vínculo entre el «alma» y la «personalidad». A través de su relación con el Ser/Yo/Alma, tiene acceso al conocimiento verdadero. A través de ella se expresa en el mundo la voluntad del señor, el Maestro interior.
El cuerpo físico (carruaje)
El sistema emocional (caballo)
El caballo, al representar las emociones de la persona, es el punto inicial que hace mover el carruaje y determina el comportamiento, la orientación existencial de la persona. El caballo, la diversidad de emociones que nos embargan, simbólicamente puede adoptar diferentes colores. El caballo (emociones) puede ser blanco, y entonces representa el positivismo del ser humano, sus pasiones, sus deseos, el coraje, el amor, la valentía. O puede ser negro, simbolizando las tendencias negativas y destructivas del ser humano, sus deseos más bajos, el instinto de conservación. Si el caballo que domina en tu vida es el negro, por mucho que tú intentes mimar al blanco y potenciar sus capacidades, te impides aprender, te impides adquirir responsabilidad personal y te impides trabajar en tus ilusiones, porque te parece que nada puedes hacer para convertirlas en realidad. Y acabarás siendo una persona triste y oscura. Porque con el tiempo, el caballo negro tendrá más fuerza y será él quien determine la dirección del carro (la vida del cochero que lo conduce). Por el contrario, si el caballo que domina es el blanco (asertividad, coraje, pasión, valentía, amor…) disfrutarás y vivirás una vida más plena y positiva. Dominar a los caballos (emociones) es nuestra responsabilidad, al igual que aprender a utilizar las herramientas que van a facilitarnos nuestro trabajo evolutivo.
Importancia que tiene la mente para el correcto funcionamiento del sistema humano
- La mente inferior (ego) está íntimamente ligada a los mecanismos emocionales. Esta parte de la mente no dispone de conocimiento adecuado y funciona como una máquina, a partir de automatismos procedentes de experiencias pasadas. Suele estar muy activa en la consciencia colectiva y a menudo no permite actuar a la mente superior, no deja sitio a la intuición y dificulta la iluminación.
- La mente superior, está en contacto directo con el Ser/Yo/Alma. Es, de hecho, el vínculo entre nuestra dimensión esencial, el alma, y la personalidad. Cuando la mente superior está activa, y la mente inferior está en silencio y receptiva, la personalidad se deja guiar por la energía del Ser/Yo/Alma/Conciencia y manifiesta en el mundo lo mejor de sí misma. Así, la vida resulta muy satisfactoria.
- Si la consciencia se identifica con el ego a través de la mente inferior, la consecuencia es una inadecuada percepción de la realidad: se vive en la ignorancia y se depende de automatismos que proceden del pasado y la propia experiencia vital se convierte en difícil y limitadora.
- Por el contrario, cuando la consciencia llega a identificarse con el Ser/Yo a través de la mente superior, el entendimiento es exacto y preciso en cualquier momento, se vive una experiencia gozosa del mundo y se tiene una enorme sensación de dominio y libertad.
- La esencia del ser, el alma, el señor: el Maestro interior. El cochero no conoce la ruta adecuada, y si no vigila se puede perder, puede tomar una ruta equivocada. En este sentido, debe sintonizar con las instrucciones que proceden del Ser/Yo/Alma (es decir, el Maestro interior, guía o conciencia que se sienta en la parte posterior del carruaje) y cumplirlas.
- El «Ser», «alma» o «maestro interior», es el aspecto del ser humano portador de las más elevadas cualidades del corazón y del espíritu que puedan concebirse, el que debe regir todo el operativo. Para que el viaje sea de provecho, el maestro interior/alma/conciencia, que es el único que tiene una percepción exacta de la realidad en todo momento, ha de dirigir toda la combinación de elementos. Por tanto, conviene escuchar y seguir los susurros de esa voz interior que intenta conducirnos por el camino más adecuado para nuestro mejor crecimiento personal y llegar a la meta.
Para comprender la situación actual de los seres humanos conviene echar un vistazo al modo en que funciona el cochero (la mente). En ella podemos distinguir dos aspectos:
En este ámbito se suelen dar dos dinámicas diferentes: estas dependen de que la consciencia se identifique con la mente inferior (ego) o con el Ser/Yo/Alma.La calidad de la propia vida depende de qué parte de la mente está ejerciendo el control. Toda experiencia de transformación interior debe aspirar a que sea la mente superior, y no la inferior (ego), la que ejerza el control de la personalidad. El proceso consiste en que la consciencia deje de identificarse con la mente inferior y lo haga con el alma a través de la mente superior. La transformación interna se da, por tanto, cuando la consciencia se armoniza con nuestro corazón, nuestro Maestro interior, nuestro Ser/Yo/Alma, en lugar de con el ego.
El rol de la mente superior es precisamente aprender a controlar estos mecanismos y automatismos de la mente inferior de manera eficaz y seguir la voluntad del Ser/Yo/Alma/Conciencia. Si la mente superior domina la situación, se está entonces en contacto con nuestra esencia más preciada, lo mejor de nosotros mismos, nuestro Ser/Yo/Alma.
El propio comportamiento y la calidad de la experiencia vital depende directamente de con cuál de los dos aspectos se identifique la consciencia. El trabajo de cambiar el punto de identificación de la consciencia es, por tanto, esencial para este proceso de transformación.
La esencia del ser, el alma, el señor: el Maestro interior
De la misma manera, para que la parte mental de un ser humano (cochero) pueda cumplir totalmente su propósito debe, por un lado, desarrollar su capacidad para estar en contacto directo y consciente con el «alma», con el fin de sintonizar con claridad con sus indicaciones; y, por otro lado, desarrollar un conocimiento profundo de su naturaleza emocional con el fin de canalizar su energía sabiamente. También ha de saber cómo hacer que el recorrido sea eficaz e inteligente.
Cuando se alcanza este modo ideal y equilibrado de funcionamiento, quiere decir que la «personalidad» —una combinación de nuestra dimensión física, emocional y mental— está totalmente subordinada a nuestro «Maestro interior» (ha sintonizado con él y sigue sus indicaciones). El Ser/Yo/Alma puede entonces manifestar plenamente todas sus cualidades en el mundo físico.
El trabajo de transformación interior
En la actualidad son muchas las personas que no necesitan el refuerzo de su personalidad, porque ya está suficientemente bien construida. En la consciencia de estas personas arde el deseo de librarse de las ataduras de su mecanismo inferior (ego). Sin embargo, dependiendo del nivel de evolución de cada persona, es posible encontrar a muchos seres humanos que todavía se identifican con el ego, mientras que otros pocos han logrado identificarse con su Ser esencial/Yo/Alma en diversos grados.
Muchas personas hoy en día están dispuestas a cambiar su enfoque operacional hacia el alma; pero los viejos mecanismos permanecen activos en la consciencia, de modo que se continúan experimentando ambas maneras de funcionar, dependiendo de las circunstancias. Se llega entonces a un cruce de caminos donde hay que tomar una decisión: o se deja a la consciencia seguir identificándose con el ego, o se desplaza la identificación de la propia consciencia hacia la realidad del alma, mediante un trabajo interno consciente para reconectar con la verdadera naturaleza humana, con el profundo significado de esta vida y con la alegría y libertad de ser.
¿Qué hay que hacer para que, con el tiempo, la personalidad se pueda considerar totalmente construida y sea receptiva a la voluntad del alma? Algunas recomendaciones generales al respecto pueden ser las siguientes:
- Familiarizarse con los mecanismos del instrumento (ego), con sus componentes, con la forma en que funcionan en este momento; llegar a ser plenamente consciente de tales mecanismos inconscientes —esto es, conocimiento de uno mismo en términos de los mecanismos, tanto conscientes como inconscientes, de la propia personalidad—; reconocer el hecho de que uno NO es el instrumento, sino que es el responsable de su construcción y, a través de este conocimiento, comenzar a dejar de identificarse con el instrumento.
- Hacer un balance de las necesidades y mejoras que precisa la estructura actual, a fin de que el instrumento resulte capaz de manifestar las cualidades del Ser/Yo, como la sanación, la capacidad para liberarse de complejos pasados, etc.
- Reconocer la necesidad de desarrollar los elementos superiores para activar todo el potencial del instrumento: el desarrollo de la mente superior, de la inteligencia, del corazón y de todas las cualidades del Ser/Yo; fortalecer el contacto directo con el Ser/Yo, e identificar cada vez más la consciencia con el alma.
Las sucesivas experiencias del alma
Desde hace tiempo, la Humanidad entera ha estado trabajando en la construcción y alineación progresiva del ego a través de una serie de “viajes” al mundo de la materia. Por medio de estas incursiones es posible seguir perfeccionando el propio instrumento para la mejor expresión de la voluntad del Ser/Yo/Alma. Cada unidad individual (cada alma) es responsable de trabajar en su propia transformación. Cada vida-viaje implica la realización de un cúmulo de aprendizajes existenciales, se gana sabiduría y dominio, y se incorpora un equipaje muy valioso, así como alguno no tan valioso —obsesiones, recuerdos negativos, fracasos, sufrimientos, etc.—; también ciertos aspectos que aún no se han logrado dominar y que, por tanto, necesitan ser trabajados. El «alma» está constituida por la suma de las experiencias (positivas o negativas) acumuladas por las diferentes personalidades que ha adoptado a lo largo de su periplo existencial. El «alma» a través de esas diversas vidas está construyendo un instrumento a través de experiencias sucesivas en el mundo de la materia. Estas vidas no son sino experiencias sucesivas del Ser/Yo/Alma.
El hecho de que una persona tenga la oportunidad de hacer varios viajes (vidas) en el mundo de la materia (reencarnación), en lugar de sólo uno, es algo que se ha aceptado más ampliamente en la consciencia colectiva en las últimas décadas. Estos viajes se llevarían a cabo con el fin de construir y perfeccionar el propio instrumento y su alineamiento con el alma. En este contexto, por tanto, se puede contemplar el fenómeno de la “reencarnación” como el proceso de construcción del propio instrumento para la mejor manifestación del Ser/Yo/Alma en los diversos planos de la existencia (en el proceso de ascenso hacia una humanización en plenitud, en el camino hacia la plena espiritualización y el encuentro con el Absoluto=divinización).
Fuente: Elaboración a partir de G. RODRÍGUEZ-FRAILE: ¿Un nuevo paradigma de la realidad? La vida como proceso de aprendizaje
Ver también:
La gran cadena del ser: de bestias a dioses
El periplo del «Alma»: el recorrido infinito, eterno, del «Alma»
Sección: LA CONCIÈNCIA
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

